6° Domingo del Tiempo Común. Ciclo C. La plenitud del evangelio está lejos de la fama de los elogios. Es una oportunidad de cambio "ahora".
"Después de esta vida no hay otra", he escuchado más de una vez en la calle, en reuniones sociales e inclusive en reuniones pastorales. El problema no está en la veracidad o falsedad de esta afirmación. Ciertamente, como cristianos, creemos que sí hay otra vida después de esta: la ofrecida por Jesús, junto al Padre (cf. Jn 14), resucitada como la del mismo Jesús (Rm 6,5). Sin embargo, el problema mayor está en lo estrecha que es la frase. Parece que no nos permitiera mirar más allá de nuestras narices. Las lecturas de este domingo 6° del Tiempo Ordinario, nos invitar a ampliar la mirada y el corazón para acoger el proyecto de Jesús en nuestras vidas.
El sermón de la planicie (como conocemos la versión de Lucas de las bienaventuranzas, en oposición al sermón de la montaña de Mateo 5) presenta 4 bienaventuranzas (con el paralelo de 4 lamentaciones).
1) ¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! | 5) ¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! |
2) ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! | 6) ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! |
3) ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! | 7) ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! |
4) ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban el nombre de ustedes, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! | 8) ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!” |
Como la mentalidad semita es circular, no sólo importa reconocer
(i) que tenemos las bienaventuranzas (¡Felices!) y sus paralelas lamentaciones (¡Ay!), y
(ii) que a cada bienaventuranza le corresponden temas comparados: pobres/ricos, c hambrientos/satisfechos, llanto/risa, insulto/elogio,
sino que también al centro del discurso se encuentra el deíctico "ahora", como ya señalaba el P. Sicre sj.
El proyecto de Jesús es un proyecto de Plenitud AHORA. El Reino de Dios promulgado por el Hijo del hombre, es decir, Jesús, es noticia privilegiada para aquellos que están en sufrimiento, que no son entrevistados en grandes cadenas televisivas y cuyas opiniones parece que poco le importan a los poderosos. El texto también nos recuerda que sólo los falsos profetas ofrecen el consuelo del elogio. La plenitud del Evangelio está lejos de la fama del elogio.
Por un lado, no se trata de una maldición a la pobreza, en la que los pobres son pobres porque están malditos y los ricos han sido bendecidos en abundancia. Este discurso de Lucas da vuelta esa lógica (que muchos de nosotros todavía tenemos). Dios bendice a todos. La vida del Reino es oportunidad de felicidad para todos. Los pobres también tienen derecho a la felicidad. No se la puede reservar a un grupo de privilegiados. El cristianismo amparado en estas bienaventuranzas ofrece oportunidad de cambio de mentalidad, actitud y de sociedad.
Por otro lado, el problema no está en ser rico ni poseer bienes sino que, como dice el gran Johan Konings sj, hay una diferencia muy grande entre poseer bienes y ser poseído por los bienes. El rico no es sólo el que tiene bienes, sino el que organiza toda su vida, amistades, tiempos y proyectos en torno a la posesión material, al estatus social, a la imagen. Los bienes no nos definen, ni podrían hacerlo. La vida de cada uno de nosotros es más importante que todos los recursos materiales disponibles. La bendición y la felicidad del Reino también es para los ricos, pero no para los que ríen y viven en paz (consolados) mientras hay gente que muere, sufre y vive la penuria del abandono. De esos ricos, Jesús se lamenta, porque ellos nada tienen que ver con el Reino.
Pidámosle ahora al Señor que nos regale la gracia de ampliar la mirada, de mirar más allá de mi vida y mi realidad, para poder ver lo que otros viven, y contribuir con la felicidad y plenitud de todos. Que no busquemos solamente los elogios públicos, sino que con humildad compartamos nuestras ideas, nuestras fuerzas y nuestras vidas en favor de un proyecto mayor donde todos podamos gozar de un mismo bienestar físico y espiritual: salud, educación, trabajo, descanso, celebración, oración.
Al final, después de esta vida sí hay otra, una más justa, serena, honesta y alegre, que empezamos a construir ahora.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
PS: La explicación con colores está para que podamos mirar el texto con sus contrastes, descubrir su riqueza y extraer un mensaje que refleje lo que el autor quiso decirnos.
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