5° domingo del Tiempo Común. Año C. La vocación de seguidores se genera en lo profundo de la vida

La conversa íntima, la escucha atenta, siempre nos trae buenos recuerdos. Revivir una conversación en la que nos hemos reído a carcajadas o en la que lloramos de verdad, son experiencias que sólo anidan en nuestro corazón y que no nos pueden quitar. En ese espacio íntimo que nos comunica con otro (diálogo), vamos descubriendo algo de lo que el  evangelio de este domingo nos plantea: nuestra vocación.

El evangelio de Lucas relata el llamado de Pedro, nombra "de pasada" a los hermanos Santiago y Juan, y enfatiza la centralidad de Jesús. Podríamos colocar nuestra atención en muchos detalles de este relato, tales como la misión encomendada, la fuerza del milagro, la obediencia, los nombres, la actividad pesquera, la situación social de los discípulos o la comparación con otros relatos en otros evangelios; sin embargo, nos quedaremos en algo central que está dicho y no-dicho en el texto de este día: Pedro, al menos, conocía a Jesús. Como señala el P. José L. Sicre, SJ, Jesús ya ha estado en Cafarnaúm y ha curado a la suegra de Pedro. Por eso, no es tan difícil entender que Jesús se haya subido a la barca de Pedro y haya dado una orden de volver a pescar.

Lo que sí puede resultar más complejo de entender es que, con la evidencia de mal resultado previo, le hagan caso. La barca se convierte, por un lado, en el púlpito de Jesús (como dice el P. Konings SJ) y, por otro, en el lugar de la conversa íntima. Desde la barca, Jesús enseñará como un maestro (sentado) y, en ese mismo lugar, se ocupará de la vida de su seguidor, le dará sentido a su existencia y le proporcionará horizonte a su vida. 

Vamos descubriendo, así, que Pedro ya tenía una relación con Jesús, lo conocía, le había permitido entrar en la intimidad de su casa, vincularse con sus seres queridos. A partir de esa experiencia, Jesús es capaz de entrar en su vida y transformarla, es decir, dotarla de sentido. Los seguidores de Jesús no se forman milagrosamente de la noche a la mañana, ni existen sólo por devociones de los templos. Un verdadero seguidor es aquél que extiende con su vida la misión de Jesús (ser pescador de hombres, es decir, darle a la Humanidad vida plena y abundante, como los pescadores del relato que confían y ven multiplicado su trabajo) y es capaz de hacerlo porque tiene una relación íntima con el Señor. 

No son las apariciones momentáneas ni la "cara de santo/santa" la que nos dice qué vocación podríamos desarrollar, sino la relación cercana e íntima con el Señor y con sus privilegiados, los más vulnerados y empobrecidos. La vocación al matrimonio o a la vida religiosa, el deseo de ejercer el rol de padre o madre de familia, de profesor, médico, ingeniero, político, comerciante o lo que sea, no la descubriremos en soledad ni será producto de eventos mágicos. La verdadera vocación nace de la conversa cercana con Jesús, cuando miramos con el corazón las necesidades de su Pueblo. De otra forma, puede ser conveniencia o carrera, pero no vocación.

Pidámosle al Señor que todos tengamos la posibilidad de calmar el corazón y pausar la vida agitada, para encontrarnos con Él y poder, así, escuchar su llamado y cumplir su misión. Porque, a fin de cuentas, todos estamos llamados a ser, es decir, tenemos vocación de, seguidores de Jesús.

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ



Comentarios

Entradas populares