Domingo 29 del Tiempo Común. Que sólo el servicio defina nuestra vida diaria

 ¿A quién no le ha pasado? Cuando creemos que sabemos algo, que tenemos la situación controlada, algo nos sacude, nos saca de nuestro lugar cómodo o de lo que hoy se llama la "zona de confort". Algo similar le ocurre a los discípulos. La comunidad de Marcos, en el Evangelio, nos evidencia que a los discípulos les falta preparación. Creyendo saberlo todo y estar listos para vivir la misma suerte de su maestro, el Señor les insiste en que todavía hay camino por recorrer.

Los dos "mejores" discípulos, los más cercanos a Jesús, aquéllos que todos pensaríamos que han aprendido muy bien de su maestro, Santiago y Juan (que la tradición popular incluso ha asociado al discípulo amado del Evangelio de Juan), se acercan y hacen la pregunta que muestra de forma patente que siguen necesitando instrucción. No han comprendido con los dos anuncios previos (Mc 8,27-35; 9,30-37) que un lugar en el Reino exige sacrificio. 

Jesús rechaza la petición de los discípulos. De hecho, les cuestiona si están dispuestos a beber del mismo cáliz. Ilusamente (e irónicamente, porque después en la Pasión según san Marcos ellos serán los primeros en huir) responden que sí. Jesús les insiste en el sacrificio que supone seguir los criterios del Reino y, por ende, el proyecto del Padre con el que Jesús e ha identificado. Tanto es lo que Jesús les enseña que Él mismo se hace pequeño delante del Padre y el Reino, diciendo que no le corresponde a nadie arrogarse un estatus en el Reino o la distribución de estatus. En el fondo, se trata de que el Reino no es propiedad de nadie. Ninguno de los que dicen seguir ese proyecto se pueden atribuir los criterios únicos. Ya en domingos anteriores, hemos visto que el Señor nos sorprende, y cuando creemos estar tranquilos y tener la situación dominada, Él nos recuerda que siempre hay un lugar dónde ir y servir, un espacio personal para crecer, una actitud que madurar, una persona a la que asistir. 

Y esto lo hace, porque, tal como se nos dice en el Evangelio, el liderazgo que se pide es el del servicio. Jesús pone como ejemplo a los que dominan por la fuerza, que se imponen por el poder y no por la sabiduría del amor. Como dice el P. Konings, "el amor sólo tiene poder cuando es donado y se coloca al servicio". Nadie ama por obligación ni de manera definitiva. Todos aprendemos a amar día a día, sirviendo a otros. En ese proceso no caben las definiciones taxativas, ni las clasificaciones absolutas. Los extremos que dicen cómo son las personas, no tienen cabida en el amor, porque el amor es permanente aprendizaje y crecimiento. 

Cuando alguien dice "yo soy de tal o cual forma" (y deben aceptarme así nomás), no sólo se está definiendo, sino que está impidiendo que el servicio y el amor crezcan. Definirnos sólo nos quitará libertad para poder madurar espiritualmente y seguir al Señor hasta las últimas consecuencias en la misión de anunciar el Reino. 

Pidamos que el Señor nos regale libertad para aprender cada día de su modo y que nos ayude a reconocer los espacios de aprendizaje en los que necesitamos crecer, para poder servir cada día más.

P. Juan Salazar, S. J.

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