Domingo 26 del Tiempo Común. Vivir en comunión es el modo de Cristo

  Creo profundamente que nadie vive absolutamente solo o aislado. Tenemos grupos de referencia, actividades que nos gusta realizar, ideologías que compartimos o por las que discutimos. Siempre estamos en referencia a otro. El peligro por el que atravesamos, normalmente, tiene que ver si nuestros grupos son referencia para nuestra vida o son absolutos, es decir, si nos animan a vivir en el mundo o nos impiden mirar el mundo. El evangelio de este domingo 26º del Tiempo Común nos presenta varios temas que Marcos trata de manera breve pero muy profunda, todos relacionados con la vida común.

En el texto de la Buena Noticia, los discípulos de Jesús no saben qué hacer con otros que, siendo diferentes en actitudes (y, tal vez, en tradiciones religiosas), hacen el bien. El inicio del relato marca dos cosas: (1) "Otros" expulsan demonios y (2) Lo hacen "en tu nombre". En primer lugar, esos otros están haciendo el bien. Aunque no pertenezcan al grupo de amigos de Jesús, aunque no hayan caminado con él por las calles de Galilea, aunque no compartan sus ritos religiosos, están "haciendo", están "obrando" el bien en el mundo. En segundo lugar, pareciera que los discípulos creen que el nombre de Jesús (ya hemos conversado en este blog de que el nombre de alguien es su propia identidad, misión y su ser más profundo) les pertenece sólo a ellos y a nadie más. Queriendo ser los dueños de la misión de Jesús, no dejan que el bien se multiplique, que llegue a otros lugares y personas. Por eso, se presenta la diferencia entre "andar juntos" y "estar en comunión". 

Por experiencia personal, tengo grandes amigos que no veo todos los días (de hecho, que hace años que no veo), o sea, no "estamos juntos" y, sin embargo, "estar en comunión", nos preocupamos de lo que nos pasa, nos dolemos con el dolor del otro, nos alegramos con sus alegrías. Algo parecido es lo que Jesús les quiere decir con el "si no están contra nosotros, están con nosotros", porque no se trata simplemente de "estar juntos", de ir a Misa, de pertenecer a la iglesia tal o cual, sino de algo mucho más profundo, de "estar en comunión", es decir, de sentir con el otro. 

En tiempos de preparación a las elecciones de fin de año, en tiempos en que parece que lo único que importa es estar conectados todo el día, en tiempos en que siguen siendo discriminadas las mujeres, los homosexuales, los indígenas, en que seguimos escandalizándolos (skándalon es en griego "trampa"), o sea, poniéndoles tropiezos, impedimentos para su plena realización, para que participen en plenitud de la comunidad social y eclesial, Jesús nos enseña, una vez más, que lo más importante es vivir en comunión, es tener un mismo sentir, sin importar si somos católicos o de otras confesiones, de la ciudad o del campo, varones o mujeres, heterosexuales u homosexuales, adultos o jóvenes. En vez de caminar hacia la separación, hacia creer que "mi grupo" es más importante y mejor que el otro, estamos llamados a la inclusión, estamos llamados a ser comunión en medio del mundo. 

Pidamos al Señor que este domingo y todos los días de nuestras vidas, caminemos con los valores del Reino, invitando a otros a sumarse a este proyecto de Amor y Justicia, en vez de separarlos, dividirlo o excluirlos, porque, al final, no somos los dueños de Dios, Jesús o el Reino. Si otros se suman al proyecto (no a la denominación religiosa o eclesial, ni sexual, ni política), como dice un gran amigo jesuita: "¡Bendito sea Dios!"

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, S. J.


PS: Pensando en mis amigos lejanos, hoy quiero elevar una oración por el descanso eterno del papá de Bernardo. 



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