Domingo 18 del Tiempo Común. Entre lo antiguo y lo nuevo, la vida verdadera se entrega sin límites.
Mucho se habla hoy en Chile sobre la nueva Constitución, de la nueva forma de pensar de los jóvenes, de las diversidades culturales, sexuales, sociales. Ante tanta novedad, hay ciertos sectores que se atrincheran y otros se expanden abiertamente. Las lecturas de hoy nos pueden ayudar a mirar con más calma estos procesos y lo que vamos viviendo interiormente y socialmente.
La lectura del Éxodo nos habla de la novedad del alimento que el mismo pueblo le pide a Dios. Están con hambre y, como usualmente lo hacen, se quejan de que ni Moisés ni Dios les escuchan. El Señor les envía un alimento para sus necesidades: el maná. En verdad se trata de la savia de un árbol propio del desierto que, ante la helada noche, se escarcha y se convierte en una resina o dulce. Los judíos no lo conocen, pero entienden que es Dios el que se los ha regalado. Pueden reconocer que es regalo, pero no el sentido que tiene. Por ello, el autor del texto hace un juego de palabras y en hebreo coloca en la misma pregunta, la respuesta. "Man'á" significa, al mismo tiempo "¿qué es esto?" y "esto es maná". Ven la novedad, pero no reconocen su gracia, su sentido.
La carta a los efesios nos recuerda que en Cristo podemos ser hombres y mujeres nuevos. Ante la desconfianza, el desorden y el egoísmo propio de la cultura, el cristianismo del primer siglo nos invita a no dejarnos vencer por el propio deseo, la vanagloria o el orgullo personal, sino a revestirnos de la nueva humanidad, que es capaz de mirar al otro a la cara, de pensar con profundidad en las necesidades de los demás y luchar por una vida justa para todos y todas. Pero eso no es fácil. A todos nos cuesta salir de nuestro propio querer e interés, y también de una cultura que nos ha enquistado la desconfianza como estilo de vida, en la que todos competimos, que nadie comparte.
El evangelio de Juan nos insiste en el nuevo alimento: sus padres comieron el maná que perece, pero el que cree en Jesús comerá de un alimento que no tendrá fecha de vencimiento. Los judíos que lo siguen insisten en lo material, entendido como lo superficial. Jamás el evangelio dirá que las cosas materiales son algo negativo, sino que lo que se opone al proyecto de Dios es lo superficial y tener todo controlado, es no comprender que en Jesús hay una novedad permanentemente viva y activa. Ya no se trata de cumplir la ley al pie de la letra, sino de mirar al hermano y sentir como él. En el fondo, eso es seguir a Jesús y creer en Él. Jesús no "enseña cosas", sino que nos "enseña su vida", es decir, un modo de ser y de vivir en el mundo.
En medio de una pandemia que no da tregua en el mundo, vamos aprendiendo que no tenemos el control de la vida ni de la ciencia. Que el mucho saber no satisface nuestras necesidades, sino que debemos sentir junto a los que sufren. En medio de un proceso constituyente, podemos querer seguir anclados a "la ley", a las antiguas prácticas, a los colores y modos antiguos de hacer política, de mirar la realidad y de vivir en el mundo; sin embargo, la invitación de este domingo es abrirnos a la novedad. Esa novedad es confianza, es querer insertarnos en el mundo con verdad, es "darle otra vuelta" a lo que pensamos, para ver qué hay de verdad, de santidad y de justicia en el que piensa distinto. Tal vez, con ese nuevo modo, que es el de Jesús, podemos mirar el regalo que Dios nos hace y no quedarnos con la pregunta como el pueblo de Israel (man'á) sino que dar el paso a la vida verdadera, que es aquella que se entrega sin restricciones, porque así no perece, sino que se hace eterna, al igual que la de Jesús.
Que así sea. Amén.
Juan Salazar Parra, S. J.
Para las lecturas de este domingo, puede visitar: http://www.eucaristiadiaria.cl/domingo.php
Comentarios
Publicar un comentario