Domingo 17 del tiempo Común. Año B. Fiesta de Santiago Apóstol. El lugar del cristiano es comprometerse junto a los otros
En la arquidiócesis de Santiago se celebra este domingo la solemnidad del Apóstol con lecturas propias. Tal vez, en otros lugares, lean el evangelio de Juan; sin embargo, hoy nos remitiremos al de Mateo.
En este evangelio, vemos a los hermanos Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, junto a su madre que toma la palabra y, no habiendo escuchado el discurso previo de Jesús (sobre el seguimiento real), pide para sus hijos los primeros puestos, asociados no sólo a la comodidad sino al poder y la seguridad de encontrarse en el Reino. Los hijos no han dicho palabra, hasta que Jesús mismo les pregunta si están dispuestos a "beber de la misma copa" que él. Esta es una expresión muy propia del profetismo del Testamento para indicar "destino". La pregunta es si están dispuestos a vivir lo que Jesús iba a vivir: entregar su vida en coherencia con el proyecto del Padre. No sabemos si ellos han entendido totalmente, pero respondieron que sí estaban dispuestos. Jesús les asegura, como a todo seguidor verdadero, que beberán de esa copa, pero no les asegura el espacio de privilegio y autoridad que estaba en las palabras de la madre.
Antes bien, después de la molestia comunitaria, Jesús los reprende a todos sin distinción y les señala el lugar que cada uno debe ocupar: el del servidor y esclavo. El servidor es el que dispone la mesa para el banquete, no el que está sentado, esperando que lo atiendan. El esclavo es el antónimo del amo y señor. Ese es el modo de autoridad que Jesús vive y que pide vivir.
El mismo texto nos señala que las autoridades gentiles (griegas) son verdaderos abusadores de poder y que, a diferencia de ellos, los discípulos deben imitar a Jesús, entregar su vida (no para salvación propia sino para la de otros). Es interesante, en tiempos complejos por nuestra salud y por el movimiento político que hemos vivido, distinguir a aquellos que quieren servir de los que abusan (política, religiosa, sexual o económicamente), de los que se quieren beneficiar individualmente (por ejemplo, quien se coloca, sin autorización de la autoridad sanitaria una tercera vacuna, sólo por los "pitutos" que tiene o el poder que ostenta). Ahora bien, esas mismas preguntas podemos llevarlas al fuero personal y hacérnoslas con honestidad. En el fondo, no se trata sólo de apuntar con el dedo a las autoridades (que, a veces, se merecen la crítica en justicia), sino de mirar la vida de cada uno y ver cómo ejerzo mis autoridades (como padre o madre de familia, como jefe, como educador, como hermano mayor, como cajero, como dirigente vecinal o sindical, como médico, etc.) y cómo me comprometo con la vida de los otros (en cada uno de los lugares que habito).
En la semana de preparación para la gran fiesta ignaciana, la figura bíblica de Santiago nos puede ayudar a hacer un buen examen personal sobre nuestras actitudes, no sólo para saber si somos "buenos" o no (eso le tocará al Juez Justo que es Dios), sino para mirar a Jesús y sentir como Él siente, comprometernos como Él se compromete y entregarnos como Él se ha entregado, para el bien de todos, sin exclusión, sin discriminación, sin excepción.
En esta semana en que nos preparamos para la celebración de la también Solemnidad de San Ignacio de Loyola el 31 de julio, las lecturas de hoy ayudan a que dispongamos nuestros corazones para tener "conocimiento interno del Señor" al modo ignaciano, es decir, "amarlo, seguirlo e imitarlo".
Que así sea. Amén.
Juan Salazar Parra, S. J.
Las lecturas sobre las que se hizo estas reflexión: http://www.eucaristiadiaria.cl/domingo.php
Muchas gracias por esta reflexión. El modo de la autoridad de Jesús, así como su Evangelio, siempre son sugerentes, interpeladores y contracorriente.
ResponderBorrarSigamos intentando ser fieles a Dios, 'y que solo su amor y gracia nos basten'