Domingo 11 del Tiempo Común. Año B. El Reino es sencillo e inclusivo. Esa es la muestra del paso de Dios por nuestras vidas.

 Hemos vuelto, después de muchos domingos de celebraciones y solemnidades, al Tiempo Común que algunos llaman de Ordinario. Se trata de un tiempo importante, porque la vida "común" es la que todos vivimos día a día y allí debemos reconocer el paso de Dios y su presencia en nuestras acciones. Este domingo, particularmente, el Señor nos muestra que su proyecto es un proyecto de confianza y trabajo sencillo y arduo. 


El evangelio según Marcos que somos invitados a meditar este domingo, nos presenta dos parábolas. La primera es la de la semilla que crece sola. La segunda es del grano o semilla de mostaza. En el primer caso, el v. 28 coloca la palabra principal que orienta esa parábola: automatê (espontáneamente o por sí misma). Se trata, entonces, de la característica propia del Reino de Dios, del Proyecto de Jesús, de su Sueño para la Humanidad, ese Reino, Proyecto o Sueño no depende de manos humanas exclusivamente, sino que crece, con ayuda humana, pero por acción principal de Dios. Se trata de la acción oculta, humilde, sencilla y progresiva de Dios. El Señor y su proyecto no requieren de "rimbombancias", sino de un trabajo simple y sereno, no requiere de grandes carteles y publicidades, tampoco de grandes oradores o pensadores. El Proyecto de Dios para la Humanidad, en cambio, crece sin esas intervenciones tan propiamente humanas, por ser puro cálculo y ganancia política. El Reino crece a través de la simplicidad, del saludarse todos los días, del preocuparse genuinamente por cómo estamos, del cuidado sincero y el trabajo honesto. 


Por otro lado, la segunda parábola refuerza la idea de la pequeñez de la semilla de mostaza que crece y se transforma en una realidad que es capaz de albergar a otros. Quiero ahcer hincapié en esto, porque el Reino de Dios no es un lugar para ser construido teóricamente por algunos, ni tampoco es el lugar de los privilegiados. Por el contrario, es el lugar de acogida a otros. Esa es la señal elocuente de que el Reino está vivo y actuando. Esa es su fortaleza. Por eso, cuando nos acercamos y dialogamos, cuando nos involucramos con los problemas y perspectivas de la sociedad, cuando abrimos de par en par nuestros corazones a la vida que grita en las calles, en las familias, en las poblaciones, en las casas de todo lugar y condición, sólo así sentiremos, viviremos y promoveremos la actualidad del Proyecto de Dios para la Humanidad.


El Reino es un proceso, como la vida misma. No se trata de fines específicos, ni siquiera del ansía de salvación que a muchos puede obsesionar. El Reino es un modo de vivir en medio de la sociedad, según nos muestran las parábolas de hoy. El Reino se vive de modo simple e inclusivo. En un día de elecciones para algunas regiones de Chile, no podemos dejar de rezar para que las autoridades y la nueva Constitución, promuevan el Reino, es decir, promuevan la sencillez y la inclusión, en contra de la opulencia, la violencia y la exclusión.

Que así sea. Amén.

Juan Salazar Parra, S. J.


PS: Hace un par de días conversaba sobre estos temas con una querida colega del Colegio José Antonio Lecaros, del cual soy Capellán. Hoy, ella está en un estado de salud grave y quiero poner su oración sencilla e inclusiva, y su modo simple y acogedor, en las manos del Buen Padre que trabaja y que pasa por nuestras vidas aunque no lo percibamos muchas veces. Que el Señor acompañe a su familia y a todos sus seres queridos.  

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