Domingo 4 de Pascua. Año B. El Pastor responsable

Ante la crisis que ha revelado la pandemia, hemos sido testigos, este último tiempo, de diversos grupos que se "echan la culpa" por la situación social y económica en que está la Humanidad. Vemos, con cierta admiración, que los políticos se culpan unos a otros, los de izquierda a los de derecha y los de derecha a los de izquierda por la crisis económica, la gente culpa al gobierno, el gobierno a la gente, etc. Ciertamente, son grados de compromiso distintos (no es lo mismo ser el presidente que un ciudadano, ni un profesor que un estudiante). Con todo, da la impresión de que nadie se quiere hacer responsable de su lugar en la Historia y de sus acciones en medio del mundo. El evangelio de este domingo, llamado del Buen Pastor, nos muestra que la única forma de vivir en medio del mundo y de poder construir un proyecto nuevo y renovado, es desde la responsabilidad.

El Evangelio según san Juan nos presenta en dos oportunidades este domingo una misma frase: "Yo soy el Buen Pastor". Si está repetido es porque algo quiere inspirarnos. La palabra bueno (del griego kalós) no significa necesariamente 'competente', como cuando decimos que alguien es "bueno para dibujar" o "tiene buena mano". En estos casos, nos referimos a que alguien tiene técnica y buenos resultados, sabe dibujar y vemos su obra de arte o sabe cocinar y gozamos de su producción. En cambio, cuando hablamos del "Buen" Pastor no hablamos de la competencia sino de una persona 'noble' o 'ideal'. El prof. José Luis Sicre SJ diría que al texto le falta otra palabra. En verdad es un Pastor Excepcional. 

¿De dónde viene la bondad o excepcionalidad del Pastor? No solamente del cuidado que tiene con sus ovejas, sino del dar la vida por ellas y que esa vida la da por voluntad propia. Nadie lo ha obligado, nadie lo ha llevado hasta la cruz y la muerte. Una cosa es morir y otra es entregar la vida responsablemente. Cuando Jesús mira el mundo, cuando ve su Galilea (semipagana) dominada por el Imperio, hombres y mujeres sin educación, alimentos ni trabajo, la indignación de Jesús no se transforma en rabia y culpabilización del sistema, sino en asumir como propios los dolores de la Humanidad y proponer un nuevo proyecto de vínculos entre los hombres: El amor. No es el poder el que guía los pasos de Jesús, sino el amor. El amor es libre, voluntario, y nos hace ser coherentes en nuestras acciones. Por amor, cada uno asume su rol en la casa o en el trabajo. El amor nos vincula, nos hace más íntimos, nos compromete y nos hace confiar unos en otros. Ese es el amor que vincula a la Humanidad con Jesús y a Jesús con el Padre, según el texto de Juan.

La responsabilidad de un padre frente a su hijo, de un político frente al pueblo, de un profesor frente a sus alumnos, de un sacerdote frente a su comunidad, no radica en la rabia contenida, en transmitir enojos, ni en culpar a otros de las fallas existentes. Muy por el contrario, esos pastores y, con ellos, todos nosotros, estamos invitados a ser responsables en el amor, es decir, a asumir nuestro lugar en el mundo  y a vincularnos unos con otros, a dialogar desde el corazón, a proponer caminos de renovación. 

Si usamos mascarilla, si ayudamos a los ancianos del barrio, si deseamos una sociedad donde las mujeres no deban vivir con miedo, si anhelamos mejores áreas verdes y lugares menos contaminados, si educamos con nuestras mejores herramientas, si rezamos con todo el corazón, si cocinamos con cariño. Todo eso (y mucho más) es dar la vida y cuidar de la vida, como el Pastor Excepcional, como el Buen Pastor. Que nunca nos falte la fuerza que viene de nuestra relación con el Padre, para ser como Jesús.

Que así sea. Amén.

Juan Salazar Parra, S. J.


Podemos encontrar los textos de este domingo en: 
http://www.eucaristiadiaria.cl/domingo.php

Comentarios

Entradas populares