Domingo 2 de Pascua. Año B. La fe es un camino de humanidad

El tiempo de Pascua nos recuerda la alegría, la misericordia y, este domingo particularmente, la paz. No es fácil tener paz interior: guardar la calma, claridad en la mente y sosiego en el corazón. Menos en tiempos de cuarentenas, cuando los casos de COVID-19 aumentan, las camas críticas son menos y la crisis social se hace más evidente. Pero Jesús Resucitado nos muestra que la paz es un proceso, no nace de la noche a la mañana, ni se obtiene como premio. La paz llegará a nuestras vidas cuando confiemos en el otro, cuando todos nos cuidemos, cuando colaboremos con el Reino que Jesús ha instalado en nuestras vidas.

El evangelio según san Juan ya nos ha mostrado (como veíamos el domingo pasado) los distintos modos de reacción frente a la resurrección. El Discípulo Amado se convierte en el ejemplo de seguidor, porque "vio y creyó". El mismo Jesús se aparece, en el relato de hoy, a los discípulos y les anuncia la paz. No se trata de un simlpe saludo. Se repite tres veces en el relato para marcar su importancia, es decir, para dar cumplimiento a lo que Él mismo había prometido en la Última Cena "la paz que yo les doy no es como la que da el mundo" (Jn 14,27). Frente al miedo que los discípulos tienen, su Maestro les "devuelve el alma al cuerpo" (como decimos popularmente), les permite reconocer que lo prometido se cumple, que la palabra empeñada se mantiene y que, en medio de las viscisitudes de nuestras historias, podemos mantener el corazón en paz, cuando tenemos a Jesús a nuestro lado, porque tenerlo a Él cerca es tener cerca a todos los hombres y mujeres. 

Tomás no está en ese momento de aparición. No siente la paz, no ve al maestro y, al igual que Pedro y María, y también que los otros discípulos, si no ha visto, ni ha tenido una experiencia física (tocar, escuchar, abrazar) no ha creído. A pesar de que, por mucho tiempo, lo hemos condenado por no creer, en verdad no hay nada en Tomás que lo diferencie de los otros discípulos. Todos han necesitado ver y tocar para creer. El único que sólo vio y creyó de inmediato es el Discípulo Amado. Tomás no es distinto de sus amigos y hace un camino de fe: de la falta de fe, a la condicionalidad de la fe, a la fe absoluta e incondicional. No sabemos ni entendemos la lógica de este seguidor de Jesús, pero de su inquietud inicial pasa a una confesión de fe absoluta, que ha permeado todos los tiempos: Jesús es Señor y Dios. 

Tomás es llamado "el Mellizo". Los nombres no son casuales en las Escrituras. Si es mellizo es porque hay otro igual a él y, sin embargo, nunca en los relatos aparece ese otro mellizo. Tal vez, ese mellizo de Tomás seamos cada uno de nosotros, porque hacemos el mismo camino que él en la vida. Es frecuente que desconfiemos de la palabra de nuestros hermanos (familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos) y pidamos pruebas, certezas. El mundo nos ha hecho así, el sistema nos ha impregnado con criterios que deshumanizan. Nos han convencido que debemos ser perfectos, que el error no cabe en la vida, que las decisiones a los 17 años deben ser para siempre (pienso en el estrés de la Prueba de Admisión a la Universidad), que debemos cuidar de nuestro propio bienestar y no pensar en el resto (tal vez por eso nos cuesta entender las necesidades urgentes de los más empobrecidos), que importa mi descanso pero no la salud de la población (miro las noticias con personas adineradas en playas o jóvenes en fiestas).

Jesús Resucitado viene a dar vuelta esos criterios del mundo y, a los que no  lo hemos visto, a los que no hemos escuchado su voz en el jardín, ni hemos tocado las llagas de su cuerpo, nos dice que podemos creer, que podemos confiar en otros, que podemos depositar nuestras vidas en proyectos importantes. Que si caemos, dudamos o cambiamos de opinión, es parte de nuestro proceso de vida, es el camino de nuestra humanidad. Como Tomás, somos invitados a caminar en medio del mundo para transformarlo en un lugar donde veamos y confiemos, como el Discípulo Amado que "vio y creyó". 

Que así sea. Amén.

Juan Salazar Parra, S. J.

Comentarios

Entradas populares