Domingo de Ramos. Año B. Un silencio que cala hondo nuestra Humanidad

Llegamos a la fuente y culmen de nuestra vida de fe: la Semana Santa. En estos días que comienzan hoy con la entrada de Jesús en Jerusalén, recordamos los misterios más profundos de nuestra esperanza en la Vida. Esa entrada la recordamos con ramos y alabanzas. Habitualmente, en nuestras comunidades cristianas, habría procesiones y multitudes que se reúnen a conmemorar al Rey y Señor de la Historia. El evangelio, sin embargo, nos invita a recordar la pasión según san Marcos, llena de dramatismo, cargada de hondura, nos presenta a Jesús en sus juicios, dolor, burlas, crucifixión y muerte. Podríamos centrarnos en muchos símbolos del texto marcano. En esta ocasión, quiero compartir con ustedes dos: el sentido universal de la vida de Jesús y la hondura del silencio.

Por un lado, la pasión nos trae dos grandes juicios hechos a Jesús: el del Sanedrín y el de Pilato. El primero es un juicio religioso, la pregunta central es si es el Mesías, el Hijo de Dios. El segundo es un juicio político, la pregunta es si acaso es el Rey de los Judíos. Ante la desconfianza de los sacerdotes, Jesús responde con mucha claridad y, con sus escuetas palabras, destruye los códigos religiosos de la época ("verán al Hijo del Hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso"). Frente a Pilato, la respuesta es una evasiva ("Tú lo dices"). Al Señor no le interesa el poder político, su misión es otra, se relaciona con la vida sencilla y auténtica de la Humanidad, no con ejercer poder de dominación, partidista o ideológico, ni le importa negociar su liberación. Para Jesús, no se hace negocio con la vida humana. 

Al terminar la lectura de la Pasión, se retoman estos dos juicios y se les da sentido. Ante la muerte de Jesús, se rasga el velo del templo (religioso) y el centurión (político) reconoce que Jesús es el Hijo de Dios. El velo rasgado nos dice que ya no cabe una religión que excluya de sus prácticas todo lo que es humano, sus verdades, temores, luchas y celebraciones. El centurión es representante militar del poder romano y, al reconocer al Señor, permite que esa verdad llegue hasta los confines del mundo, no sólo a los poderosos ni sólo a los judíos. La vida (y, dentro de ella, la muerte) de Jesús tiene sentido universal: no es para unos (no es exclusiva), ni es para dividir (es inclusiva). 

En todos los juicios, Jesús permanece maryoritariamente en silencio. Interviene en pocas oportunidades. Antes bien, en Jesús, se nos presenta la imagen de Isaías, del Siervo Sufriente, que va en silencio frente a sus jueces, es el Cordero inmolado en el matadero. 

El silencio puede ser incómodo para muchos, porque el silencio nos conecta con lo más hondo de nuestra Humanidad. En silencio recordamos dolores, discusiones, alegrías, momentos importantes que marcan nuestras historias de vida. A algunos, eso les atemoriza. Jesús nos invita, como servidor del silencio, a entrar en lo más hondo de nuestras vidas, a que su presencia sea iluminadora de todo lo que somos. La Pasión, y el silencio de Jesús en ella, no es sinónimo de sumisión ni de desinterés, sino que se trata de una invitación profunda a entrar en nuestra vida con hondura, a conocernos verdaderamente para entregarnos a los demás (quien no sabe lo que tiene o no conoce su personalidad, difícilmente podrá entregarse al servicio de otros). 

Cuando el sistema político se desmorona y las religiones entran en crisis, es la Pasión del Señor la que nos recuerda que el proyecto del Reino de Vida no tiene categorías partidistas, ni excluyentes, sino que es el proyecto donde todos pueden encontrar reconciliación, paz y justicia. En tiempos de cuarentenas, cuando pasamos más tiempo solos y hay menos ruido exterior, la Buena Noticia nos invita a sentir más profundo, sin superficilidades, a pensar más hondo y a dejar que el silencio cale en nuestro corazón, para poder seguir y vivir al estilo del Reino que Jesús nos trajo, es decir, entregar nuestra vida y que dicha entrega tenga sentido para cada uno de nosotros y también para todo el mundo.

Que así sea. Amén.

Juan Salazar Parra, S. J.



Una versión de las lecturas de la Liturgia de hoy las puede encontrar en:

http://www.eucaristiadiaria.cl/domingo.php

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