Domingo 2 de Cuaresma. Año B. El encuentro con el Dios de la Vida
En la primera lectura Abraham sube la montaña para ofrecer un sacrificio, en el Evangelio, Jesús y tres de sus discípulos suben al monte y allí tienen una visión. La montaña, el monte, el cerro son expresión para indicar un lugar sagrado en el cual Dios se revela, es decir, se trata de un lugar de encuentro con el Señor. ¿Con qué Dios se encuentran los personajes que nos son narrados hoy?
El texto de Génesis que leemos hoy nos parece difícil de entender; sin embargo, hay que dar una explicación cultural para entender su real contenido. En la antigüedad, era frecuente que los pueblos ofrecieran sacrificios humanos a sus dioses, para obtener un beneficio o aplacar su ira. El pueblo de Israel, que convivió con otras culturas, tenía muy claro que a Dios había que ofrecer lo mejor de cada uno, pero también que el Señor jamás iba a permitir el sacrificio de vidas humanas. Por eso, el relato elaborado tiene ambos elementos: lo mejor que alguien podría ofrecer es su descendencia (quienes son padres y madres saben que no hay nada más valioso que la vida de sus hijos e hijas), pero Dios nunca permitirá que esa vida se sacrifique (es Dios mismo el que impide la muerte de Isaac). En otras palabras, el relato de la primera lectura, nos enfrenta al Dios de la Vida, al valor que la vida humana tiene para el Señor y nos invita a preservarla, cuidarla y jamás aniquilarla. En el monte, Abraham se encontró con el Dios de la Vida.
Por otro lado, el evangelio también es un encuentro con Dios. Después de que Jesús haya anunciado su pasión y muerte (Mc 8), en el capítulo 9, Marcos coloca una teofanía (manifestación de Dios), mostrando los efectos de la Pascua futura. Es Jesús el Mesías, y eso no sólo lo pueden ver Pedro, Santiago y Juan, sino que lo atestiguan los profetas Elías y Moisés (responsables de organizar la vida espiritual del pueblo judío y de mantenerla a lo largo de la historia) y el mismo Dios lo señala, repitiendo las palabras del Bautismo ("este es mi hijo amado, escúchenlo"). Pedro sigue sin entender que la Pascua es un evento total, es la pasión, muerte y resurrección de Jesús, es un acontecimiento de la coherencia de vida del Señor. El discípulo quiere obviar la pasión y la muerte, quiere obviar una parte de los efectos de ser consecuente con un proyecto. Por eso, Jesús será tan tajante en insistir, nuevamente, en que la vida no se trata sólo de la resurrección, sino que vivir "a concho" un proyecto, supone todo el evento pascual: morir a uno mismo y vivir para los demás.
Que en este tiempo de Cuaresma, toda nuestra vida sea un monte permanente, es decir, un encuentro real con Dios, con su proyecto de Vida plena, Justicia, Reconciliación y Paz. En un año lleno de elecciones y decisiones para Chile, y de tanta incertidumbre para el mundo, producto de la pandemia, pidamos al Señor, que vivamos con coherencia nuestras opciones de vida, nuestras vocaciones, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra comunidad eclesial, cuidando de nuestra vida y de la de los demás.
Juan Salazar, S. J.
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